Respirar es algo que hacemos constantemente, sin siquiera pensarlo. Pero ¿qué pasa cuando, durante unos instantes, prestamos toda nuestra atención a la respiración? Podemos sentir cómo el aire entra, cómo el cuerpo se mueve y cómo vuelve a salir. Podemos hacer la respiración más lenta, más amplia y más consciente. Para ayudar a los niños a descubrir estas sensaciones, existe un ejercicio muy sencillo: la respiración de la bola mágica. Una práctica de respiración consciente que combina imaginación, movimiento y atención al cuerpo. Y lo mejor es que esa bola mágica no hace falta tenerla de verdad: podemos imaginarla dentro de nosotros cada vez que respiramos.
¿Qué es la respiración de la bola mágica?
La respiración de la bola mágica es un ejercicio de respiración para niños basado en una imagen muy sencilla.
Imaginamos que tenemos una gran bola de colores dentro del cuerpo. Cuando inhalamos, la bola se abre y se hace cada vez más grande. Cuando exhalamos, se cierra lentamente.
De esta manera, el niño puede visualizar el movimiento de su propia respiración.
La bola puede estar llena de colores, emociones, recuerdos, sueños o aventuras. No existe una forma correcta de imaginarla: cada niño puede crear la suya.
Lo importante es utilizar esta imagen como un punto de apoyo para llevar la atención hacia la respiración y las sensaciones del cuerpo.
Respirar conscientemente para volver al cuerpo
La respiración tiene una particularidad: siempre está con nosotros.
No necesitamos ningún material especial para observarla. Podemos prestar atención a ella tumbados en la cama, sentados en clase, en nuestra habitación o incluso mientras paseamos.
Precisamente por eso, la respiración se utiliza con frecuencia como punto de atención durante la meditación.
En mindfulness, aprendemos a dirigir nuestra atención hacia el momento presente y a observar lo que ocurre en nuestro interior: las sensaciones corporales, los pensamientos o las emociones.
Para un niño, sin embargo, conceptos como «observar la respiración» pueden resultar un poco abstractos.
Aquí es donde entra en juego la imaginación.
En lugar de pensar únicamente en sus pulmones, puede imaginar una gran bola que se expande y se recoge lentamente al ritmo de su respiración.
Cómo hacer la respiración de la bola mágica paso a paso
Busca una posición cómoda. Puedes sentarte, tumbarte o simplemente quedarte como estás.
Si te apetece, cierra suavemente los ojos.
Ahora imagina que dentro de ti existe una bola mágica.
¿Cómo es?
Quizás sea azul, amarilla, verde o de muchos colores. Puede ser brillante, transparente o cambiar de color cada vez que respiras.
Cuando estés preparado, comienza:
1. Inhala lentamente.
Deja entrar el aire poco a poco mientras imaginas que la bola empieza a crecer.
2. Siente cómo se mueve tu cuerpo.
Puedes observar primero la barriguita, después el pecho y cómo la respiración se hace más amplia.
3. Haz una pequeña pausa.
Cuando hayas terminado de inhalar, detente cómodamente un instante, sin forzar.
4. Exhala despacio.
Deja salir el aire y observa cómo la bola se hace más pequeña de nuevo.
5. Repite varias veces.
Hazlo lentamente y presta atención a las sensaciones que aparecen.
No necesitas conseguir que todas las respiraciones sean iguales. Simplemente observa cada una de ellas.
La importancia de no forzar la respiración
Cuando hacemos este ejercicio, no se trata de llenar los pulmones al máximo ni de aguantar el aire durante mucho tiempo.
La invitación es mucho más sencilla: explorar una respiración lenta y cómoda.
Podemos observar cómo se mueve el abdomen al respirar, cómo el pecho se abre ligeramente o qué sensaciones aparecen alrededor de las costillas.
Cada cuerpo respira de una manera diferente y cada respiración puede sentirse distinta.
La práctica no consiste en hacerlo «perfectamente», sino en prestar atención a lo que está sucediendo ahora mismo.
Imaginación y mindfulness: aprender jugando
Cuando enseñamos mindfulness a los niños, las imágenes y las historias pueden facilitar mucho la experiencia.
La propia propuesta de Petit BamBou para la meditación infantil utiliza vocabulario adaptado, imágenes sencillas e historias para dar un componente lúdico a ejercicios que conservan los principios básicos de la meditación.
La bola mágica cumple precisamente esa función.
Un adulto puede concentrarse simplemente en las sensaciones de su abdomen al respirar. Para un niño puede resultar mucho más atractivo imaginar que una esfera llena de colores crece dentro de él.
La imaginación no sustituye al ejercicio de atención: ayuda a entrar en él.
¿Dónde pueden practicar los niños esta respiración?
Una de las ventajas de este ejercicio es que no requiere ningún objeto.
La bola física puede ayudar a comprender el movimiento al principio, pero después podemos simplemente visualizarla.
Eso permite practicar la respiración consciente en muchos momentos cotidianos:
- al despertar o antes de dormir;
- después de volver del colegio;
- antes de empezar los deberes;
- durante una pausa;
- antes de una actividad que requiere atención;
- en el aula;
- durante un paseo.
También podemos crear un pequeño ritual y practicarla habitualmente en un mismo momento del día.
La regularidad es especialmente interesante cuando introducimos mindfulness entre los niños. Crear una rutina les permite familiarizarse progresivamente con la práctica y convertir esos pequeños momentos de atención en un hábito.
Una pequeña pausa para observar cómo nos sentimos
Después de realizar varias respiraciones, podemos quedarnos unos segundos quietos.
No hace falta preguntar inmediatamente: «¿Estás más tranquilo?».
Es más interesante dejar espacio a la experiencia.
Podemos preguntarnos:
¿Cómo está mi respiración ahora?
¿Qué noto en mi barriga?
¿Y en mi pecho?
¿Hay alguna sensación diferente?
Puede que el niño note algo. Puede que no note prácticamente nada.
Las dos posibilidades están bien.
En mindfulness no buscamos obligatoriamente un resultado determinado. Aprendemos a observar nuestra experiencia tal y como aparece, sin necesidad de juzgarla como buena o mala.
Una bola mágica que siempre llevamos dentro
Quizás lo más bonito de este ejercicio sea descubrir que la bola no es realmente necesaria.
Podemos cerrar los ojos e imaginarla cuando queramos.
Podemos verla crecer mientras inhalamos y hacerse pequeña mientras exhalamos.
Podemos llenarla de colores, emociones, sueños y aventuras.
Y utilizarla como recordatorio de algo que hacemos desde el primer hasta el último momento del día: respirar.
La próxima vez que quieras practicar, prueba a cerrar los ojos durante unos instantes.
Inhala lentamente y deja que tu bola mágica crezca.
Haz una pequeña pausa.
Exhala suavemente y observa cómo vuelve a hacerse pequeña.
Después, abre los ojos.
Tu bola mágica seguirá ahí para la próxima respiración.








